viernes, 13 de junio de 2014

MARCELO, SIN PERDER LA CABEZA

Durante la semana previa a su estreno en una Copa Mundial de la FIFA™ como anfitriona, en la selección brasileña se había hablado mucho sobre calma, serenidad, paciencia y demás. Y a buen seguro Croacia exigió todo ello del equipo de Luiz Felipe Scolari. Pero no cabe duda de que ningún jugador de los que estuvieron en el campo necesitó ejercitar más esas facetas que Marcelo. Antes de la remontada que permitió al equipo sumar los tres puntos, él fue la figura que más templanza tuvo que demostrar.

A los 11 minutos, tras un centro de Ivica Olic desde la izquierda, el delantero centro Nikica Jelavic no acertó a conectar un remate, pero su leve desvío bastó para empujar el balón hacia el lateral, que no tuvo mucho tiempo para reaccionar. Y ahí se produjo el accidente. Acabó tocando la pelota en la dirección equivocada, para marcar el primer gol en propia meta de la historia de los Mundiales de Brasil, que ponía por delante a su adversario.

Pensemos que se trataba de un partido inaugural. Y no uno cualquiera, sino el de un Mundial. Y en un torneo más especial aún, al jugar los brasileños en casa. Por si fuese poco, el escenario era São Paulo, una ciudad en la que el público es notoriamente más exigente. ¿Cómo se podía reaccionar a eso?

“Lo primero que me vino a la cabeza fue que tenía que estar tranquilo, para no perjudicar al equipo”, explicó Marcelo a FIFA.com. “Si me derrumbaba, podía confundir al equipo. Así que lo primero era ocuparme de eso”.

Ahí se manifestó la madurez del lateral izquierdo, que ya ha sido mucho más irritable dentro de la cancha. La ha ido cultivando año tras año durante su carrera en el Real Madrid, con el que fue una de las piezas clave en la final de la Liga de Campeones de la UEFA.

Pero de nada serviría toda la veteranía del mundo si no tuviese a alguien a su lado. O mejor aún: a miles de personas, entre las que destacaban sus diez compañeros titulares. “La afición también me apoyó después de marcar el gol en propia meta, gritando mi nombre. Y mis compañeros también vinieron. Eso me ayudó a quitármelo de la cabeza rápidamente. Enseguida me metí de nuevo en el partido”.

No solo fue Marcelo: todo el equipo consiguió mantener la concentración y superar el contratiempo. Júlio César y la prestigiosa defensa brasileña se vieron obligados a emplearse a fondo varias veces más durante el encuentro, pero Brasil supo ir juntando las piezas poco a poco, sin desesperarse. Todavía quedaban prácticamente 80 minutos de juego. “Estoy contento por la capacidad de reacción que ha tenido el equipo, esa calma para poder reaccionar con un partido excelente”, declaró Neymar

El propio atacante, autor de los dos primeros goles, también tuvo que ser paciente al menos en dos momentos concretos: a la hora de superar al guardameta Stipe Pletikosa. Primero envió un zurdazo desde fuera del área. El balón, que no llegaba muy fuerte, fue arrastrándose hasta el poste izquierdo. Tocó la madera y, al final, entró. Era como si todo el público que estaba detrás de la portería, expectante, hubiese tirado del esférico en su dirección. Después, en el penal, ya en el tramo final del segundo tiempo, el ariete vio cómo el croata llegaba a conectar con el cuero, lo que no evitó el tanto que ponía por delante a Brasil. “Dos goles que entraron llorando, cierto, pero así son las cosas. Lo importante es ver el balón en el fondo de la red”, sentenció.

Y entre tantos que lo celebraron, estaba Marcelo. Ya, definitivamente, con la cabeza en otro sitio. “Esto pasa en el fútbol. Hoy empezamos un poco tensos, pero conseguimos remontar, con un apoyo grandioso de la afición”, concluyó, mucho más aliviado y relajado. Una gran remontada, sin duda.

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